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Símbolos de esperanza

Por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos se ha constituido un equipo de atletas que han llegado desde diversas naciones no sólo por su talento deportivo, sino por arduas circunstancias que aquejan su lugar de origen, principalmente la guerra y otros conflictos sociales.

Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) argumentó que se trata de un equipo compuesto por refugiados, que no tienen hogar, ni equipo, ni bandera, ni himno nacional; convirtiéndose en un símbolo de esperanza y de comunidad. "Les ofrecemos un hogar en la Villa Olímpica junto al resto de los atletas del mundo", explicó.

Dicho equipo está conformado por un total de diez atletas, que fueron seleccionados entre 43 posibles candidaturas, que poseen el estatus oficial de refugiado y a quienes se les valoró su situación deportiva y personal. Se trata de dos nadadores sirios, dos yudocas de la República Democrática del Congo y seis corredores; cinco pertenecientes a Sudán del Sur y uno de Etiopía, que en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Río 2016 marcharon bajo la bandera Olímpica. Hoy todos ellos disfrutan de su derecho de asilo en países como Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Kenia o Brasil, donde se entrenan constantemente en cada una de sus ramas.

Conoce a cada uno de estos destacados atletas que aunque abandonaron sus países, sus sueños se mantuvieron firmes a pesar de las circunstancias.

Yiech Pur Biel

Sudanés del sur que más tiempo lleva en Kenia y cuya categoría son los 800 metros planos. A la edad de 10 años, su madre lo dejó tratando de huir a Etiopía. Desde entonces no la ha vuelto a ver y tampoco sabe si vive o no.

Poco después su casa en Sudán fue quemada por el ejército local, a causa de la guerra civil que duró 20 años. Y aunque en el 2011, Sudán se convirtió en una nación soberana, la violencia causó la muerte de dos millones de inocentes. Años después, junto con otros cuatro corredores de Sudán del Sur, vivió en un campo de entrenamiento a las afueras de Nairobi, Kenia. Un orfanato donde entrenan en caminos de tierra roja, campos de maíz y trotando a la par de los ganados.

James Nyang Chiengjiek

James es originario de Bentiu, Sudán del Sur y a sus 24 años está cumpliendo su sueño de participar en los 400 metros planos del atletismo en los Juegos Olímpicos.

En 1999, su padre, que era soldado, murió en la Segunda Guerra Civil de Sudán, por lo que Chiengjiek, a la edad de 13, escapó a Kenia como refugiado para evitar ser reclutado por los rebeldes para convertirlo en un niño soldado.

En el año 2002 terminó en el campo de refugiados de Kakuma y doce años después el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados le concedió oficialmente la condición como tal. Comenzó a correr mientras asistía a la escuela en Kenia y en el 2013 fue seleccionado para unirse a un grupo de atletas de la fundación Tegla Loroupe Peace Foundation, un programa de apoyo a los refugiados del campamento de Kakuma dirigido por la ex maratonista Tegla Loroupe, poseedora del récord mundial.

Rami Anis

Inspirado en su tío Majic, que era un nadador representativo de Siria, Rami, que ahora reside en Bélgica, huyó de su natal Alepo, cuando los atentados y secuestros incrementaron considerablemente.

Su familia lo envió a vivir con su hermano mayor en Estambul, Turquía, donde comenzó a nadar en el Galatasaray Sports Club. Sin embargo, no estaba del todo satisfecho y en busca de una oportunidad mejor se trasladó en un bote inflable, auxiliándose de ramas de árboles como remos, a través de Grecia y llegando finalmente a Bélgica, donde se le concedió el asilo en diciembre del 2015.

Hoy en día se entrena en el Royal Ghent Swimming Club y su sueño se ha hecho realidad al formar parte de este equipo en Río 2016. "Estaba entrenando y esperando que la guerra terminara para volver y participar. Esperé paciente por cinco años hasta que surgió esta oportunidad", dijo Anis.

Yonas Kinde

Con 36 años y originario de Etiopía, Yonas Kinde es el atleta más veterano del Equipo Olímpico de Refugiados, en la categoría de maratón.

Dejó su país por problemas políticos y ha estado viviendo en Luxemburgo desde el año 2012, bajo la protección internacional de este país. Ahí Kinde entrenó con gran dedicación para ser uno de los 10 seleccionados que el Comité Olímpico Internacional evaluó. Además estudia francés y trabaja como taxista.

"Dejé mi país por los muchos problemas políticos que hay, muchas dificultades morales, económicas, que hacen muy difícil ser un atleta", dice.

Anjelina Nadai Lohalith

Competidora en los 1,5000 metros planos de atletismo, Anjelina, es originaria de Sudán del Sur, y al igual que sus compatriotas, huyó de ahí a la edad de 6 años a causa de la guerra constante.

En el 2002 llegó al norte de Kenia, estableciéndose en el campo de refugiados de Kakuma, lugar que cuenta con más de 170 mil personas.

Anjelina en un principio desconocía su don deportivo hasta que unos entrenadores profesionales llegaron al campo para realizar algunas pruebas. Lohalith fue seleccionada para ser entrenada por la maratonista olímpica Tegla Loroupe en su fundación deportiva, junto con cuatro corredores más que conforman el Equipo Olímpico de Refugiados de Río 2016.

Rose Nathike Lokonyen

La joven de 21 años también abandonó Sudán del Sur y luego de mucho entrenamiento está inscrita para la prueba de 800 metros planos en los Juegos Olímpicos de Río.

Cuando Lokonyen tenía 10 años, ella y su familia huyeron del sur de Sudán para escapar del estallido del conflicto y la violencia. Ahora, a la edad de 23, Lokonyen ha pasado su vida en el campamento de refugiados de Kakuma.

Los padres de Rose volvieron a casa en 2008, pero decidieron dejarla a ella y a sus hermanos en Kenia. Fue entonces cuando descubrió su amor por el atletismo, para posteriormente conformar el Equipo Olímpico de Refugiados.

"Desde que soy parte del equipo, estoy muy feliz", anunció.

Paulo Amotun Lokoro

Otro de los corredores que escaparon de Sudán y se alojaron en Kenia; y al igual que sus compañeros fue recibido por la exmaratonista Tegla Loroupe.

Hace sólo unos cuantos años, Paulo era un joven pastor acarreando el ganado de su familia, sin embargo, la guerra acabó con su paz, obligándolo a huir a Kenia, donde logró desarrollar grandes ambiciones. Ahora, Paulo, participa en la carrera de 1,500 metros, competencia en la que la escuela keniana es una de las mejores del mundo.

El esfuerzo valió la pena: Paulo está en Río. "Estoy muy feliz", dice. "Sé que estoy corriendo en nombre de los refugiados. Yo era uno de esos refugiados allí en el campo, y ahora he llegado a un lugar especial"

Yolande Bukasa Mabika

Yolande es una de las dos participantes de República Democrática del Congo, compitiendo en la categoría de menos de 70 kilos en judo.

Mabika, nació en la zona de Bukavu, un área gravemente afectada por la Segunda Guerra del Congo. Durante el conflicto fue separada de sus padres y llevada a un orfanato en la capital, Kinshasa. Fue justo ahí donde se formó en el judo, pues el gobierno impulsaba a los huérfanos a tomar clases de este deporte.

Más tarde, pidió asilo político en Brasil, tras viajar allá para competir en el Campeonato Mundial de Judo en el 2013, junto con su compañero Popole Misenga. Pero los entrenadores les confiscaron el dinero y los pasaportes y los dejaron encerrados en sus habitaciones de hotel. Después de dos días sin comer, Mabika escapó el hotel del equipo y fue en busca de ayuda en las calles. Tras dos días de búsqueda, se encontró una comunidad de inmigrantes congoleños en el barrio Brás de Pina, que les tendieron la mano.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados concedió oficialmente su condición de refugiado en septiembre de 2014 y ahora ella vive en varias viviendas en una favela de la zona Cordovil.

Popole Misenga

Compañero de Yolande Mabika, Popole, tras el asesinato de su madre cuando tenía seis años de edad, huyó a un bosque cercano y vagó durante una semana, antes de ser rescatado y llevado a un orfanato en Kinshasa.

Al viajar a Brasil en busca de asilo político, junto con Yolande sufrió los abusos de sus entrenadores. "Cuando perdíamos, los entrenadores nos obligaban a dormir en celdas", recuerda Misenga.

Gracias a la ayuda de Yolande y la comunidad brasileña logró escapar del equipo y ahora participa la categoría de menos de 90 kilos en judo.

"Es mi sueño, el sueño de muchos africanos. El Comité nos comprendió como seres humanos y nos está dando esta oportunidad... Voy a luchar por todos los refugiados", declaró.

Yusra Mardini

Yusra Mardini, nadadora de 18 años, nació en Siria. Al estallar la guerra, huyó junto con su hermana a Europa.

Subió en compañía de 18 refugiados en un barco que naufragó en su viaje de rumbo a Grecia desde Turquía, como le ha ocurrido a miles de migrantes en su intento por llegar a Europa.

Pero no se dio por vencida, y junto con su hermana, nadó por el Mediterráneo hasta ponerse a salvo. Finalmente pudo seguir entrenando como refugiada en Alemania, donde fue seleccionada para el Equipo Olímpico de Refugiados y recuperar su vida.

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