Como en todo lo relacionado con esta enfermedad lo importante es conocer al paciente y su entorno para saber cómo, cuándo y de qué modo hay que dar el
diagnóstico.
Un tratamiento de rehabilitación, una terapia de estimulación, un servicio de asistencia eficaz, abren prespectivas favorables dentro de las limitaciones que
impone la enfermedad.
Tome en cuenta que vivir con una persona que padece Alzheimer va a condicionar de forma irremediable algunos aspectos de su vida y hasta la apariencia de
su hogar. Ahora será vital revisarlo en cuestiones de medidas de seguridad como las barras en la pared, cerca de la taza del baño y la bañera, alfombras que no
resbalen etc.
Los familiares deben ser conscientes de que la enfermedad es progresiva y que el deterioro del paciente será cada vez mayor, por lo que se deben organizar
por adelantado las necesidades futuras como sillas de ruedas, camas articuladas o ayuda a domicilio.
Conforme la enfermedad avance, habrá que aprender a comunicarse con la persona, entendiendo sus gestos.
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Se debe identificar al paciente por si se pierde (haciéndole llevar en la cartera su nombre y su dirección, o con placas colgadas al cuello en las que ponga su
nombre y un teléfono de contacto), ponerle ropa cómoda y vigilar su higiene personal. Si es posible es mejor que una sola persona se encargue de cuidarlo, para
evitar que se sienta desorientado.
Cuando las familias no pueden hacerse cargo del enfermo porque requiere un tipo de atención para la que no están preparados, bien física o psicológicamente,
la residencia es una buena opción. Pero antes de decidirse por una es importante visitarla y confirmar que tenga permisos y acreditaciones y que esté preparada
para atender a ese tipo de enfermos. Después hay que visitar al paciente para verificar el trato que recibe.
Este material informativo no sustituye la visita al médico, visítalo para obtener más información y aclarar tus dudas.