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Tipos de Uvas para la elaboración del Vino


 

Tipos de Uvas para la elaboración del Vino

Carbenet Sauvignon (Tinta Clásica)

Es la uva más famosa del viñedo mundial. Burdeos y concretamente el Médoc le deben su fama y prestigio. Ha podido también aclimatarse a zonas tan dispares como la llanura libanesa de Bekaa, la fría isla Sur de Nueva Zelanda o los secos suelos alicantinos en España, pero es en Médoc y California, los dos extremos climáticos, donde la Cabernet alcanza su óptimo desarrollo.

Se habla de su origen bordelés por los antiguos sinónimos Vidure (viña dura), atribuido a Jean-Baptiste Secondat, agrónomo francés del siglo XVIII e hijo de Montesquieu, y Vidure Sauvignonne, ambos identificados con la cepa Biturica citada tanto por Plinio como por el gaditano Colmuela al referirse, según el botánico Pierre Gallet, a los vinos que elaboraban los antiguos habitantes del Médoc: los bituriges vibisci. Pero es a finales de ese siglo cuando el barón Joseph-Hector de Branne reconstruye el viñedo Bordelés arrancando numerosas cepas blancas y agrupando las tintas, insertadas hasta entonces entre las blancas.

Pero en cualquier lugar prevalece un carácter que da vinos de color concentrado, intenso, con un particular ribete centellante, definido y vivo, y un aroma fácil de identificar. Recuerda a grosellas y trufa solo cuando se cultiva en Médoc, y a notas de pimiento verde y cedro cuando crece en zonas cálidas. El sabor es también nítido y concentrado, con un tacto tánico y ácido peculiares. Expresa todas sus cualidades con rendimientos inferiores a 50 hl/ha.

En la zona francesa, pese al clima más lluvioso, el increíble drenaje del suelo de Aluvión permite retener el calor de la grava y hace madurar las cepas (por abajo), mientras la acción de un sol moderado completa el desarrollo de la uva (por arriba). Los Cabernets californianos, por el contrario, maduran con una fuerte insolación sin brumas, altas temperaturas y riego abundante. El resultado son vinos de alto grado (13% Alc.vol.), pero con acidez suficiente y una inconfundible nota balsámica, el toque de alcohol y el acento quemado de la rápida madurez de la uva. El Bordelés es más elegante, complejo y con mayor riqueza de matices por la lenta maduración, aunque la intensidad aromática resulta inferior.

La producción por cepa no solo es copiosa, sino que la cantidad de mosto es proporcionalmente menor, debido a la menor cantidad de hollejos y, por tanto, a la gran abundancia de compuestos fenólicos (color y taninos) en comparación con otras variedades. Estas características permiten un mayor y más seguro envejecimiento en tonel y botella, sin que la cepa pierda apenas la intensidad de color y acidez.

El racimo no es demasiado espectacular: granos apretados, pequeños, esféricos y piel de gran espesor, y de color azul negro muy oscuro. Igual que la Moscatel revela su personalidad al mordisquear la baya, aunque, en el caso de la Cabernet, sus rasgos se detectan más en el hollejo. El pedúnculo del racimo es prácticamente nulo, lo que dificulta mucho la vendimia, encareciendo mucho los costes de esta operación precisando además podas largas.

La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta Cepa son: aceitunas, grosella, pimiento, chocolate, tabaco, cedro y menta.

Chardonnay (Blanca Clásica)

Reconocida por investigadores, cosecheros y viveristas como la cepa más noble del mundo, y dentro de las variedades blancas la primera con un papel destacado, la Chardonnay se ha extendido en todo el mundo vitivinícola, siendo su cultivo casi obligado para cualquier bodega que se precie más allá de la Borgoña, su lugar de origen.

El cultivo se respeta lo máximo para obtener un vino de cualidades y alto precio. Por ello no se debe sobrepasar las 34,0000 ha de extensión, por lo que a veces es difícil encontrarla entre las 20 primeras cepas de la producción mundial.

Desde la región de Champaña, límite más al norte en cuanto a su cultivo, hasta Stellenbosch, en Sudáfrica, con un clima más mediterráneo, esta cepa dará vinos de gran diversidad de matices, unos untuosos y de alta graduación alcohólica y otros tan finos y delicados como el mismísimo champaña. Lo que la caracterizará en todos los grandes blancos será el tacto graso y una leve nota entre ahumada y herbácea (heno).

Desde el punto de vista agrícola, es una cepa vigorosa, con porte semi-erguido, con hojas de tamaño mediano, forma pentagonal trilobuladas, con senos laterales casi inexistentes, de haz verde claro y envés glabro, casi sin pelos, con una baya pequeña esférica de color blanco ambarino y una buena riqueza en azúcar y, por tanto, suficientemente alcohólico.

La Chardonnay se adapta bien a los suelos calcáreos (Champaña) y, sobre todo, a los arcillocalcáreos (Borgoña), donde se consigue gran distinción y complejidad en los vinos.

Cultivada en zonas frías, su gran extracto recompensa en posible exceso de acidez. En zonas cálidas, la pérdida de acidez por una mayor maduración no es tan acusada como en otras variedades. Sin embargo, exige grandes cuidados para poder desarrollar todo su potencial. Por su precocidad, en sensible a las heladas tempranas, y también se ve atacada por la prodredumbre gris. El tipo de suelo, la poda y la selección clonal tienen gran importancia. Debido a su rápida maduración, una vendimia tardía hará que el vino pierda su nobleza y se haga pesado por un exceso de cuerpo; en el aroma aparecerán ciertos rasgos quemados, más desagradables incluso que en otras cepas. Por el contrario, si se apresura la vendimia, el vino, aunque agradable y fresco, quedará corto de aromas y apenas dejará ver su carácter.

Enológicamente es un modelo de armonía y equilibrio. No ofrece la intensidad de los aromas florales de las uvas alsacianas o gallegas, ni la indefinición de otros vinos blancos con las habituales notas de manzana verde y uva fresca. Su nariz muy sutil, recuerda los frutos maduros, eventualmente la manzana, y con más edad aporta un punto de mantequilla o de nuez.

La cepa va definiendo su personalidad a medida que se prolonga la crianza pero no queda relegada por la potencia del roble nuevo. La siguiente sería una descripción típica de un Chardonnay criado en barrica : Un bello color dorado (aporte de la madera) con leves reflejos verdosos (la variedad); aroma a manzana madura y heno (la variedad) con notas ahumadas y tostadas (la madera); paladar graso con el agradable nervio de su acidez (la variedad); combinado con notas tostadas y agradablemente resinosas; y tacto tánico (la madera) bien integrado en el extracto primario (la variedad).

Debe embotellarse como mínimo diez meses después de la cosecha. Esta uva es magnífica por su hollejo, que permite la maceración con el mosto previa a la fermentación. Una crianza con sus lías o una fermentación en barrica refuerzan su nobleza.

Su cultivo está extendido por todo el mundo. La sola inclusión de su nombre en la etiqueta es signo de distinción. Cuando la bodega adopta esta cepa no suele ser para mejorar sus vinos, sino para vender un estilo: la Chardonnay.

La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta Cepa son: piña, pera, melón, melocotón, mantequilla, manzana, miel, vainilla y especias.

Chenin Blanc (Blanca Clásica)

Conocida también como Pineau, Pineau de la Loire, ó Pineau dAnjou, su patria, la Chenin Blanc se cultiva en Anjou desde el siglo IX. Las primeras cepas descritas aparecen en los alrededores de la abadía de G_feuil en la orilla izquierda del Loira. En el siglo XV, su cultivo se extiende río arriba hacia las tierras del señor de Chenonceaux, y de su cuñado, el abad de Cornery, en Mont-Chenin (de ahí el origen del actual nombre); y hay noticias también hacia la región de Touraine, donde se señala su presencia desde comienzos del siglo XVI.

En Anjou, el río Layon desemboca en el Loira creando fuertes pendientes secas y amplias muy expuestas al sol, donde esta uva blanca madura casi a la perfección. Los viticultores eligen para su cultivo suelos calcáreos, terrenos yesosos que inciden en el aroma del vino. Esta uva blanca da vinos de mesa, espumosos, semi-secos vigorosos y sobre todo, unos soberbios vinos licorosos, elaborados a partir de vendimias tardías, con una fuerte concentración de azúcar. Por su brotación temprana, y a pesar de la protección orográfica de la zona, está expuesta a las heladas primaverales, y cuando le falta el sol, puede alcanzar una acidez excesiva. Pero esta acidez que afecta negativamente a los vinos jóvenes, puede sostener el vino proporcionando una buena longevidad.

La Chenin Blanc interviene en los vinos jóvenes de Anjou, Vouvray y Saumur, más florales que afrutados.

Su cultivo ha estado limitado a las orillas del Loira hasta la última mitad del siglo XX donde su extensión ha llegado a nuevas regiones vinícolas, como California y Sudáfrica. Sin embargo, en este último país se descubrió en 1965 que la cepa conocida como Steen era en realidad la Chenin Blanc.

Pero, salvando algunas excepciones, la Chenin Blanc no responde a su patrón varietal fuera de su país de origen. En California, por ejemplo, aunque su cultivo es más extenso que en el Loira, da vinos jóvenes, suaves, pero carentes de su perfil característico; y se nota en general, la falta de acidez.

Fuera de Francia, el clima de Nueva Zelanda se ve como el más apropiado para la variedad, sobre todo para conseguir buenos niveles de acidez.

La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta Cepa son: nueces, mazapán, albaricoque (duraznos), miel y manzanas.

Merlot (Tinta Clásica)

En dialecto bordelés, Merlot quiere decir "petit oiseau noir" (mirlo), y la Merlot es la primera uva de la temporada que coincide con la época en que estos pájaros devoran sus bayas. Siguiendo la pista a su etimología , Petit Laffite, en su obra "la Vigne de Bordelais" (1868), buscaba el origen del vocablo en la semejanza entre el color del plumaje del mirlo con el color azul negrusco de las bayas de la cepa.

Aunque parece ser de la misma familia de las Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, y Petit Verdot, emparentadas con la balisca de los romanos, no aparece citada hasta el siglo XVIII en los viñedos de Pomerol y Saint- Emilion, y no se señala su presencia en el Médoc hasta el siglo XIX. De finales de este siglo data también su incorporación al cantón helvético de Tessin, de lengua italiana, y su extensión posterior por todo el norte de Italia.

Hoy se cultiva en 14 regiones vinícolas de este país, especialmente en la zona de Venecia, donde existe incluso una "Ruta del Merlot". Se emplea para vinos jóvenes, bastante débiles y, salvo excepciones, de calidad media. Las primeras cepas de Merlot fueron introducidas por un personaje llamado Eloy Lecanda, quien a finales del siglo XIX, las mezclaría para la elaboración de sus vinos entre los que cabría destacar el mismísimo Vega Sicilia.

La Merlot ha vivido siempre a la sombra de la reconocida Cabernet Sauvignon, considerada como una uva complementaria para mezclarla con esta y en menor medida con la Cabernet Franc. Solo alcanzaba proporciones destacables en los Saint-Emilion y, sobre todo, en los Pomerol bordeleses. Hoy sin embargo, es habitual encontrar monovarietales de la cepa, la mayoría jóvenes, que se benefician de su gran fragancia.

Es el vino del aroma a cassis, confitura de bayas rojas y violeta. La baya tiene la piel menos gruesa que la Cabernet Sauvignon, desborra y madura antes que esta, no tiene tanta intensidad ni taninos, y su color es menos profundo y concentrado, aunque, en contrapartida, es más rica en fruta y en azúcar. También alcanza su apogeo bastante antes que la Cabernet Sauvignon.

En el cupaje de los Pomerol, representa hasta el 85% y en el caso de Chateau Petrus llega al 95%, incluida la vejez de sus viñas y la calidad de unos suelos arcillosos de fuertes estratos ferrosos. En Saint-Emilion supone en torno al 60% de cupaje, si bien estas proporciones van disminuyendo a medida que se pone rumbo a zonas algo más tibias, como Graves (en torno al 40%) y Médoc (entre el 20 y 30%).

Una de las ventajas de esta variedad es que se aclimata bastante bien a suelos diversos (acepta mejor que la Cabernet Sauvignon los suelos arcillosos y húmedos) y microclimas diferentes. También es apreciada por sus rendimientos, lo que la ha llevado a ser la sexta en el ranking por extensión de todas las cepas cultivadas en Francia. En Europa del Este, Eslovenia es el país que más la cultiva; Hungría elabora vinos dulces de buena acidez y nariz bastante afrutado, y también puede encontrarse en Rumania y Bulgaria.

En las nueva regiones vinícolas, los ejemplos más interesantes vienen de Oregón, Washington y Columbia, en EE.UU. Está bastante extendida en Chile y Argentina, donde en la actualidad se están produciendo unos vinos exquisitos.

La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta Cepa son: rosas, pastel de frutas, especias, menta, chocolate, grosella y ciruelas

Pinot Noir (Tinta Clásica)

Por su finura y complejidad muchos la consideran la cepa tinta más selecta del viñedo mundial. Los mejores ejemplos de esta variedad hay que buscarlos al norte de Borgoña, en la Cote d Or. Su reinado en las tierras de Borgoña, puede compararse a la que ejerce la Cabernet Sauvignon en Burdeos, pero si a esta se le puede calificar de "civilizada", la Pinot Noir es extremadamente delicada y cuesta extraer sus mejores cualidades.

Es difícil encontrar buenos ejemplos fuera de su reducto de origen, exceptuando quizás algunos vinos del Alto Adigio italiano y de la Hungría meridional, aunque también se elaboran en Alemania, Suiza, Austria y Europa del este. Necesita climas frescos, por lo que las experiencias de vinos monovarietales en Australia, California y Sudáfrica no han despuntado en exceso, y sí parecen más prometedores, por encontrarse en latitudes más adecuadas, los Pinot Noir norteamericanos de Oregón, y los Neozelandeses.

La baja productividad es esencial para obtener vinos de calidad; en Borgoña la norma se sitúa en torno a los 25 hl/ha. Solo así se asegura que su piel dura conserve la riqueza colorante que la caracteriza. Por otro lado, la gran variedad de clones existentes hace que los viticultores franceses escojan a menudo los más fáciles de cultivar y de mayor rendimiento. Los de su mitad septentrional (Cote de Nuits) son algo más alcohólicos que los de la zona meridional (Cote de Beaune). Sin embargo, describirlos es casi tan difícil como cultivar la cepa de la que provienen. El arco es tan variado que puede ir, en los vinos jóvenes, desde la delicadeza y el aroma a frambuesas machacadas de un Pinot Noir de la Cote de Beaume, al perfume a fresas calentadas al sol de un Cru de la Cote de Nuits, o el olor a tinta que se aprecia a algunos de la Cote Chalonnais, más al sur. En su madurez, un buen Borgoña adquirirá una complejidad admirable y su aroma puede traer aromas a violetas, caza o incluso trufas.

En este caso, la combinación suelo-clima-cepa parece ser más importante que para otras variedades. Por su sensibilidad a la Botrytis se adapta mejor a los suelos profundos y bien drenados, aunque crece también en los terrenos calcáreos de Champaña, donde interviene en la elaboración de sus espumosos y en los afamados Blanc de Noirs.

La cepa podría haber sido cultivada ya por los galos antes de la invasión romana y es posible que descienda de algunas de las primeras variedades salvajes seleccionadas por el hombre. Dentro de las descripciones realizadas por los romanos, podría corresponder a la Vitis allobrogica, origen de la Syrah, la Mondeuse o Petit Syrah.

Pinot aparece por primera vez en la lengua escrita en 1347, en alusión a su racimo compacto en forma de piña (pin en francés).

En el siglo XV las villas de Borgoña se abastecían de vino de Pinot (incluida la Pinot Chardonnay), en España su cultivo está relegado a Cataluña, en Alicante se produce un vino más carnoso pero sin las delicadas propiedades de la Pinot septentrional.

La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta Cepa son: rosas, cerezas, violetas, frambuesa y fresas.

Riesling (Blanca Clásica)

Muy extendida por todo el mundo desde Alemania, su país natal, es la variedad que mejor se adapta al clima de estas tierras del Norte de Europa. Muchos expertos afirman que la Riesling produce los mejores vinos blancos, muy diferenciados del resto por su fuerza, un bouquet floral, meloso y a veces especiado y un gusto agradable; además, pueden alcanzar una gran longevidad. Comparte con la Sauvignon Blanc un aroma exuberante, algo acídulo, aunque es más compleja y larga en la boca.

La Riesling podría ser la Argitis Minor de los romanos, cepa de origen Griego descrita por Colmuela, según la teoría enunciada por Balthasar Sprenger en su tratado de la viña, de 1765. Sin embargo, autores actuales como Hugh Johnson ponen en duda esta hipótesis, basándose en que los vinos de Argitis eran baratos, corrientes y de escasa longevidad. Otros expertos piensan que provienen de la selección de una vid silvestre Alemana. Los blancos que hoy se elaboran en Alsacia son casi siempre vinos secos (aunque también se producen de vendimias tardías), generalmente más vigorosos y menos dulces que los Alemanes, y sometidos a una crianza mínima de 18 meses.

La Riesling está también presente en Luxemburgo, Suiza, Austria, Checoslovaquia, Rusia, Eslovenia, Croacia, Hungría, Rumania y España. Fuera de Europa, los vinos más conseguidos son los Riesling Australianos. Aquí a la cepa se la conoce como Rhine Riesling para diferenciarla de otros nombres falsos que la han confundido con la Sémillon, La Chenin Blanc y otras variedades de calidad muy inferior.

La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta Cepa son: membrillo, manzanas asadas con especias, miel, manzanas verdes y naranja.

Sémillon (Blanca Clásica)

Apreciada por su longevidad, se une a la madera tan bien como la Chardonnay, pero a diferencia de ésta es raro encontrarla sola, y normalmente une sus fuerzas a la Sauvignon Blanc en los vinos secos y licorosos de Burdeos. Son estos últimos reconocidos como Sauternes, los que han extendido su fama por todo el mundo. Esta cepa de porte semi-erguido, sostiene racimos de mediano tamaño compacto cuya uva atacada por la podredumbre noble puede llegar a recolectarse hasta ocho o nueve veces, desde septiembre hasta diciembre, pues haya que esperar pacientemente a que cada grano adquiera el aspecto de pourri plein que le otorga la enfermedad. Los suelos bastos bordeleses favorecen la aparición de la podredumbre noble, aunque al extenderse por el mundo, la Sémillon ha acabado adaptándose a todo tipo de suelos. Sin embargo, fuera de su patria se dan muchos casos de mala calidad por no controlar los rendimientos. Si estos son limitados y el clima moderado, madura en forma ideal. En regiones frías, como en Nueva Zelanda o el estado norteamericano de Washington, puede desarrollar aromas similares a los de la Sauvignon Blanc, mientras que en climas cálidos, se vuelve ordinaria y tiende a perder el carácter varietal.

Un Sauternes de un buen año puede convertirse en un placer sublime: dulce, de rica textura, aroma a flores y brillante color dorado. El más famoso de todos, el Chateau dYquem.

Se duda si la variedad es originaria de Aquitania o del mismo Sauternes, comarca Bordelesa en la que se documenta por primera vez su existencia en el siglo XVIII. La mayor parte de la Sémillon francesa se encuentra en Gironde (La zona de Burdeos), aunque también se cultiva en las regiones limítrofes de Dordogne y Loten-Garonne.

Curiosamente, la mayor extensión de cultivo de la variedad no se registra en Francia, sino en Chile, donde se suele unir a su tradicional compañera de viaje, la Sauvignon Blanc, al igual que ocurre en California, para sus vinos secos y dulces. Sin embargo, son mucho más interesantes los blancos Australianos de Hunter Valle, donde es la cepa blanca más importante. Los mejores vinos en los que participa son dulces y alimonados en su juventud, pero adquieren con el paso de los años un toque de caramelo y un sabor amplio; en nariz, resultan más minerales que afrutado. Son los más destacados del panorama vinícola mundial después de los Sauternes.

La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta Cepa son: cítricos, miel, hierba, pan tostado y lanolina.

Sauvignon Blanc (Blanca Clásica)

La Sauvignon Blanc está en la tendencia actual de blancos frescos y con nervio. Los mejores Sauvignon hay que buscarlos en el país de origen de esta variedad. No se conoce con exactitud la zona de Francia que la vio nacer; únicamente se sabe que se encuentra desde hace siglos en los viñedos del sudoeste, y en los del este del Valle del Loira. Pero algunos autores, como Fernand Woutaz, apuestan por su procedencia Bordelesa.

Etimológicamente deriva del latín silva (bosque), y está compuesta por los vocablos franceses sauvage, (salvaje), y vignon, (viña), lo que hace pensar que podría tratarse de la adaptación de una viña salvaje existente en Francia. También hay quien dice que apareció simultáneamente en Burdeos y El Loira.

Es en la parte alta de esta última región, en Pouilly y Sancerre, donde se encuentran los mejores monovarietales de la cepa. Asentada en colinas yesosas cortadas por el paso del rió, la uva se transforma en vinos muy refrescantes y aromáticos que recuerdan las frutas verdes, con un cierto sabor a sílex que se superpone a los aromas propios de la variedad. Son todos vinos para beber jóvenes que no aguantan bien el envejecimiento; en boca, destacan por su frescura y verdor, con un gusto muy cercano al perfume.

La Sauvignon Blanc es, en alianza con la Sémillon dentro de los Grands Crus de Sauternes, uno de los más interesantes y duraderos maridajes, aunque desempeña aquí un papel menor. La cepa ha viajado por todo el mundo y está presente en Europa y las nuevas regiones vinícolas. Alcanza gran importancia en el nordeste Italiano, en la región Veneciana y en el Alto Adigio, y su vino se acercan ligeramente a las características de los sancerres, aunque el carácter de la cepa queda algo oculto.

La Sauvignon Blanc se funde con la Verdejo en los Rueda Superior o se destina a monovarietales de intenso aroma y con notas de fruta madura. Sus vinos se caracterizan por su gran intensidad y una fuerte potencia aromática que recuerda a las frutas tropicales (maracuyá, pomelo, plátano) y el pedernal.

La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta Cepa son: hojas de grosella, hierba recién cortada, uva espina y espárragos.

Syrah (Tinta Clásica)

Es la tercera variedad tinta, que junto a la Cabernet Sauivignon y la Pinot Noir, comparte prestigio y honores. Sus mejores vinos se sitúan cerca de los grandes Borgoñas y Burdeos. Sus escenarios geográficos clave, tanto de su cultivo como de su elaboración en solitario, son: la zona norte, por tradición, del valle del Ródano y la versión del Nuevo Mundo en tierras Australianas. En ambas se consigue el sello de categoría de unos tintos opulentos, vigorosos, con cuerpo, gran cantidad de taninos y materias colorantes, un característico aroma a violeta y cassis, ligeros toques ahumados, así como una gran capacidad de envejecimiento.

No hay que confundir la variedad, también llamada Petite Syrah con la Grosse Syrah ó Mondeuse. La uva de calidad es la primera. La Syrah se asienta bien en suelos graníticos, guijarrosos e incluso arcillo-calcáreos.

El origen de la cepa podría estar en la ciudad Persa de Schiraz, en el actual Irán, o bien en Siracusa (Sicilia). Su llegada al valle del Ródano podría haberse producido de manos de los colonos griegos. Otros como Hugh Johnson, apuntan su origen incierto, mientras Jancis Robinson considera que la cepa estaba ya implantada en el Ródano en tiempos de la ocupación Romana. Otra teoría fecha el acontecimiento en el siglo XIII y se atribuye a un ermitaño haberla llevado al Ródano.

Australia la recibió probablemente hace un par de siglos, entre las 400 estacas viníferas reunidas por James Busy en su viaje a Europa en 1832. En 1840, Sir Walter Macarthur la describía en sus "Cartas sobre la Viña" como "Una uva excelente, robusta que produce bien y no parece estar sujeta a accidentes y enfermedades." La Syrah o Hermitage, como se la conoce aquí ha sido la base principal de los tintos de mesa Australianos desde hace un siglo, pero no se ha reconocido como vino de calidad, digno rival de sus colegas franceses, hasta hace poco. En los años cincuenta, Max Schubert creó para Penfolds el Grange Hermitage, el primer vino de la variedad que se desmarcó por su calidad pero el gran boom vendría en los ochenta.

Se encuentra así mismo en California, en Nueva Zelanda, Italia, Grecia, Sudáfrica, Brasil, México y Argentina.

La gama de sabores que se pueden encontrar en los vinos elaborados con base en esta Cepa son: grosellas, frambuesas, zarzamora, especias, pimiento y alquitrán.

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